Por qué debes estar alerta a los cambios de conducta de los niños y adolescentes
La infancia es
el periodo de los descubrimientos por excelencia, cuando todo es
nuevo a la vista de los recién llegados. Este afán por experimentar multiplica
su capacidad de absorber conocimientos, ya sean buenos o malos. Es por eso que,
cuando se enfrentan a una situación negativa, el riesgo de que les
afecte emocionalmente se multiplica, especialmente en su entorno más
cercano. La familia puede marcar al pequeño, y al mismo tiempo
puede ser parte fundamental de su recuperación cuando detecta que hay
un problema.
Sobre
ello han alertado los pediatras asistentes a la primera Jornada IHP de Pediatría
Social celebrada en Sevilla el pasado mes de abril por la Sociedad
Española de Pediatría Social (SEPS), que explicaron que cada vez ven pasar
por su consulta más niños y adolescentes con trastornos
emocionales provocados por “conflictos en su vida familiar y social”.
Los trastornos
emocionales no son algo excepcional entre niños y adolescentes. La Organización Mundial de la Salud estima
que un 20% de los menores pueden desarrollar una problemática
de salud mental en un año determinado, de los cuales entre el 4% y el
6% son trastornos mentales graves. Estos datos llevan a que el trastorno mental
sea cada vez más reconocido como la problemática de salud más importante
en la infancia y la adolescencia. Si tenemos en cuenta que el 70% de
las problemáticas de salud mental en jóvenes adultos comienzan en la
infancia o la adolescencia, entenderemos la importancia de velar por una
actuación precoz que permita reducir al mínimo estos problemas en los primeros
años de vida, una actuación que, por principio, debe comenzar en el
propio entorno familiar y contar con el apoyo de
profesionales preparados para hacer frente a la situación.
¿Y
cuál es la situación en España? En los últimos años estamos viviendo una
tendencia al alza de los trastornos mentales en niños y adolescentes, según
la alerta lanzada por los especialistas en pediatría social durante
su último encuentro corporativo. “Tenemos señales claras de que algo no
marcha bien” certifica el pediatra Jesús García, presidente del Instituto
Madrileño de Pediatría (IMPe) y miembro de la junta directiva de la SEPS. “Se
trata de trastornos de tipo emocional, unas patologías cada vez más
frecuentes tal como vemos en las consultas”.
Estos
problemas se traducen en el día a día de niños y adolescentes en una serie de
modificaciones en la conducta, síntomas de que algo no marcha bien. “Cambios de
humor de manera brusca o repentina, feliz o triste”, explica Jesús García.
“Encontramos también más hostilidad, se encuentran ariscos, no aceptan
bromas y todo les molesta”. Hay una gran variedad de síntomas que pueden servir
para alertar de trastornos mentales, como por ejemplo el pasotismo,
materializado en el desinterés por actividades por las que antes se mostraban
apasionados. También puede aparecer la violencia, la incapacidad de
controlar los impulsos. O cambios de apetito, que llevan al menor a comer
por ansiedad o a rechazar la comida. Del mismo modo puede sufrir cambios en los
hábitos de sueño: dificultad para dormir, pesadillas, ojeras...
Estos
problemas tienen su reflejo en la sanidad pública, que ha detectado un
incremento en la demanda y diagnóstico de trastornos mentales. Así lo atestigua
el dossier presentado en
el Parlament de Catalunya por la Plataforma d’Infància de Catalunya (PINCAT) en
noviembre del 2018, donde se alerta del aumento de menores que acuden
en busca de ayuda a una red de atención social infantil y juvenil que
todavía está lejos de cubrir todas las necesidades de los menores. Esta
tendencia al alza va en paralelo a la mayor complejidad de los diagnósticos
debido a una mayor incidencia de los factores sociales.
Esta
evolución tiene su reflejo en los datos del informe “Atenció a la salud mental infantil i
adolescentes a Catalunya” publicado en el 2016 por la Fundación Pere
Tarrés. Este documento habla de un 5,1% de los niños y adolescentes
catalantes que sufren trastornos de conducta, hiperactividad, déficit
de atención u otras patologías. Una cifra superior al 3,3% que se contabilizaba
en el 2010. En el mismo lapso, ha crecido el porcentaje de menores de 15
años que ha visitado el psicólogo, hasta sumar el 7,1% del total,
cuando en el 2010 era del 4,8%.
¿Por
qué aumentan los problemas emocionales? Por una parte, tal como recuerda
Jesús García, una causa es que ahora se detectan mejor los trastornos
mentales. Pero quedarse aquí sería un error. Debemos apuntar más allá, por una
parte, a la importancia de las condiciones económicas, especialmente
tensionadas durante los años de la crisis, hasta el punto de que los menores
que crecen en clases sociales más desfavorecidas tienen el doble
de posibilidades (5,4%) de sufrir un trastorno mental que aquellos cuya
infancia transcurre en las clases altas (2,5%). Por otra parte, existe un
problema de fondo vinculado a los cambios sociales, lo que la psicóloga clínica
y psicoanalista Carme Grifoll define como “infancia líquida”,
vinculándolo a la idea de modernidad líquida acuñada por el filósofo Zygmunt Bauman. “La sociedad actual está
cambiando” explica Carme Grifoll, directora de la Fundación Nou Barris.
“Los valores se han diluido, la autoridad se ha perdido, han aparecido
las nuevas tecnologías, todo el universo simbólico se ha dispersado “.
Recuperado de:
Recuperado de: https://www.guiainfantil.com/articulos/educacion/conducta/8-sintomas-de-problemas-emocionales-en-los-ninos/

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