Secuelas del maltrato infantil en el cerebro del niño
Las estructuras
fundamentales implicadas en el procesamiento de una emoción son: el eje
hipotálamo-hipófisis-adrenocortical (HPA), que se expresa a través del sistema
endocrino y permite que el cuerpo actúe con la secreción de cortisol en la
corteza de las glándulas suprarrenales y se genere el flujo de activación que
va desde la amígdala hacia la corteza prefrontal.
De acuerdo con el DSM 5
el maltrato infantil en sus distintos tipos y el abuso sexual están asociados
al trastorno de estrés postraumático (TEPT) (Asociación Americana de
Psiquiatría, 2013). Blix Formoso (2014), define el trastorno de estrés
postraumático (TEPT) como un estado alterado de conciencia que se da cuando el
ser humano percibe que su vida está amenazada. Se observa mayor o menor grado
de trastorno de estrés postraumático de acuerdo a cómo interprete el niño o
niña el maltrato infantil, este puede ser por amenaza a su vida, lesiones
interpersonales o personales, violencia recibida por un cuidador o ser testigos
de la violencia entre los padres.
Finkelhor, Ormord y
Turner (2007) definen la victimización múltiple que sufre un niño o niña
maltratado como poli victimización. Los autores relacionaron las experiencias
de victimización del año inmediatamente anterior con los síntomas del trauma
reciente. Encontraron que un niño que tenga estas características de poli
victimización en los que presentan cuatro o más tipos diferentes de
victimización en un solo año son altamente predictivos de síntomas del TEPT.
Además, estos niños muestran diferencias significativas en comparación con los
niños con episodios repetidos de sólo el mismo tipo de victimización.
La poli victimización
(The National Child Traumatic Stress Network, 2015b) crea un trauma complejo,
porque el niño es expuesto a múltiples o prolongados eventos traumáticos, con
las consecuencias de esta exposición durante su desarrollo evolutivo. El trauma
complejo conlleva la exposición a los diferentes tipos de maltrato infantil de
manera simultánea o en secuencia, generados en el sistema de cuidado primario.
Diversos autores (Lim,
Radua, & Rubia, 2014) a través de datos de neuroimágenes estructurales del
cerebro, han evidenciado la transformación permanentemente de la estructura
cerebral de niños que presentan poli victimización causada por el maltrato
infantil. Radua (2014) al respecto expresa: “El maltrato durante la infancia
actúa como un estresor grave y produce una cascada de cambios fisiológicos y
neurobiológicos que podrían provocar alteraciones permanentes de la estructura
cerebral” (Lim et al., 2014).
Para Fraser Mustard
(2005), la respuesta al estrés postraumático (TEPT) fruto del maltrato, se
produce en el sistema límbico, en la amígdala y el eje
hipotálamo-hipófisis-adrenocortical (HPA), originando una alteración en la
liberación del cortisol. Bilx Formoso expone que ante la tensión constante que
experimenta el niño o niña maltratados, el sistema permanece activo con
diversos niveles de cortisol en la sangre.
Schalinski, Elbert y
Cols. (2015) presentan el papel del medio ambiente en la programación del eje
HPA. Los autores muestran que, en adultos abusados sexualmente en su infancia,
las experiencias adversas de la infancia y el estrés postraumático influyen en
la programación del eje HPA y se constituyen en factores esenciales en la
secreción de cortisol a largo plazo.
Giménez-Pando,
Pérez-Arjona y Cols (2007) muestran que el maltrato infantil causa trauma
emocional que altera la bioquímica cerebral. Estos niños presentan exceso de
producción de cortisol como producto del estrés crónico. En ellos, se encuentra
alterada la norepinefrina o el número de receptores intracelulares, que crean
un estado de “hiperexcitabilidad” permanente generado por el estrés crónico.
Esta alteración puede modificar la respuesta a los estímulos por exceso o por
defecto. Se afectan las conexiones fronto- límbicas y los núcleos adrenérgicos del
tronco encéfalo, incluyendo el “locus ceruleus” y los “núcleos del rafe”.
Por otro lado, Cicchetti
y Rogosch (2001) demuestran elevados niveles de cortisol basal en estos niños.
Pero otros autores (Van Goozen & Fairchild, 2008) muestran que la exposición
continua y temprana al maltrato infantil puede relacionarse a la habituación
del estrés, produciendo con el tiempo, la reducción de niveles de cortisol. Es
decir, estas alteraciones pueden ser por hipoactividad o por hiperactividad.
Esta aparente contradicción entre el nivel del cortisol, parece estar asociada
a las diferentes experiencias de maltrato infantil que varían en el inicio y
duración, por tanto, conducen a patrones diferenciales de adaptación.
Recuperado de: https://hijademadretoxica.com/fibromialgia-y-abuso-narcisista/
referencia: saludmental.15-marzo-2017.maltratoinfantil:educarsinviolencia[video].youtube.https://www.youtube.com/watch?v=4f3gjGwt59Y&feature=youtu.be

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